Corre.
Corre
porque es la única opción, con todas sus fuerzas, con todo su aliento y a cada
zancada siente que muere; las heridas sangrantes y la agonía física le dan un
miedo tan humano que siente como su singularidad desaparece. Ella no puede
morir, por su puesto, de eso estaba segura, pero con la misma seguridad sabía
que había cosas peores que la muerte; era una ironía que la prueba de esto
fuera real para la muerte misma, ni el tiempo o los oráculos pudieron ver con
antelación lo sucedido.
En
este mundo hay muchas historias y peligros, pero ninguno de ellos parecía una
amenaza, aunque aseguraba que de haber conocido la historia, tampoco habrían
hecho algo.
—
De nada sirve escapar… ¡Es tu fin! ¡El fin de todos!… ¡Y no hay nada que puedan
hacer para evitarlo! —asegura poseído.
Un
destello morado explota después del grito arrebolándose en el cielo nocturno,
un quejido moribundo se extiende desde el origen matando criaturas y arboles;
apenas logra escapar de la luz asesina, del hechizo de muerte; si logra llegar
al bosque tal vez tenga oportunidad, después de todo ella es “el caos” y
también conoce magia. Se arrastra unos metros más, la pierna izquierda ya no
responde, el meñique y anular del mismo lado penden apenas sujetos por los
tendones expuestos, la sangre se torna negra a la luz de la luna media. A su
espalda, la figura del bastón da pasos seguros tras su presa, sabe que es el
fin para la tercera singularidad.
Con
la vida apenas sujeta al cuerpo, el caos
se detiene a la orilla del bosque con la cabeza agachada y luego de unos
segundos da media vuelta.
—
¡Vaya, vaya! No pensé que serias orgullosa… Entropía quiere morir con honor…
que sorpresa —pronuncia lento con los ojos clavados en su herida víctima.
—Nunca
lograras lo que te propones —dice con la voz cansada pero furiosa. Toma la mano
mutilada y la sostiene sobre el vientre, aprieta los dedos haciendo fluir la
sangre. Sonríe de manera triunfal.
—Se
acabó… Es…
—Estas
perdido… —lo interrumpe la Entropía con toda tranquilidad dejando perplejo a su
persecutor, la sonrisa de la demacrada singularidad pasa de ser triunfal a
eufórica.
Era
imposible que luchara contra el hechicero, tenía suerte de haber llegado tan
lejos y aun así estaba plantada frente a él retadoramente, como si la balanza
estuviera a su favor. El hombre del bastón la observa en silencio, tratando de
descifrar su plan, estudiando cada uno de sus movimientos; las singularidades
son cúmulos de magia y contradicciones que pueden alterar todo en un segundo,
eso lo había aprendido de la peor manera y a pesar de haber acabado con dos de
estos seres no se pensaba en ventaja, nunca confiaba en el curso dela vida. La
sonrisa desaparece de los labios de la presa, inhala y sujeta los dedos colgantes,
hala de ellos para arrancarlos; antes de que se acabe ese instante el brazalete
del hechicero refulge en verde, la textura de luz y hueso hacen que parezca una
serpiente enrollada en su brazo.
Puede
ver a la Entropía en la orilla del bosque con la cabeza agachada, se acerca
más, nota las gotas de su sangre caer al suelo; el mago es un espectro en el
recuerdo que parece deshacerse en humo y partículas con cada movimiento. Da dos
pasos hacia ella y la rodea, escucha un ligero susurro, palabras rápidas ininteligibles,
se da la vuelta antes de pronunciar las últimas; el otro hechicero llega
cubierto por una túnica y sosteniendo su bastón de cráneo, su rostro está
cubierto de una negrura espesa para esconder su pasado ser. El momento crucial
se repite para que pueda encontrar el detalle que paso por alto hace un
instante. Sigue sin entender, tal vez las palabras hayan sido un hechizo, pero
si no se ha manifestado energía es
inútil, ninguna magia es espontanea, todo tiene un costo y a pesar que las
singularidades están hechas de energía esta no puede crear nada sin que exista
una manifestación, cuanto más grande o compleja sea la magia más energía se
necesita y a Entropía le queda muy poca; tal vez solo está alardeando, una
mentira para infundir miedo, pero el instinto del hechicero le advierte que no
es así. «Estas perdido» repite la copia temporal de la singularidad y ve en sus
ojos un destello tenue de color amarillo, baja la vista de inmediato con todo
moviéndose en cámara lenta.
—
¡Los dedos… se va a arrancar los dedos…! —Dice en la memoria lo obvio y comienza a entender todo de repente
—Sacrificio… —pronuncia lento mientras regresa del pasado.
Entropía
separa los dedos rompiendo el tendón, exhala en un grito ahogado y los arroja a
la orilla del bosque, el mago levanta su bastón con las cuencas vacías del
cráneo llenándose de luz, dirige a su contrincante un golpe de energía morada,
pero es demasiado tarde. En el suelo cubierto de hojas muertas, la carne,
sangre y hueso de la singularidad se disuelven en un humo amarillento; la casi
muerta Entropía se deja caer de espaldas esquivando el golpe del hechicero y,
cuando su cuerpo toca las hojas, desaparece.
—
¡Nooo…! —Grita el hechicero.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario