Atrapada.
Flotando en la nada, cubierta de
eternidad; sus sentidos se abruman y entorpecen, solo siente la oscuridad con
el inquietante tacto que pasamos por alto más a propósito que
inconscientemente. Trata de pensar, de organizar sus recuerdos separando la imaginación
de los hechos; poco a poco recupera su pasado y la eternidad se vuelve
angustia, sus sentidos reaccionan. Respira por primera vez en mucho tiempo,
siente en la pierna izquierda la sensación pegajosa de la sangre seca y extrañamente,
un frio ajeno a su cuerpo; inhala y el aroma del musgo llena sus pulmones, recuerda
sus dedos, los muñones de la mano no duelen pero siente comezón, escucha a su
alrededor el crujir de ramas.
La oscuridad pierde intensidad,
siente la necesidad de abrir los ojos, una voluta de vértigo se precipita en su
interior, escucha voces rodeándola, inevitable y necesariamente cae a la
realidad.
Despierta.
Pasos apresurados se alejan de
ella. Tarda unos segundos en cobrar conciencia del entorno; se incorpora
apresurada, siente un pinchazo agudo de dolor, lanza las manos al encuentro de
su pierna, tiene un vendaje de hojas y ramas sosteniendo una compresa de musgo
y hierba donde solían estar su meñique y su anular.
—No te lo quites… —se escucha en forma
apresurada.
—Aún no ha secado… —continuúa una
voz similar.
—No lo toques… —tres voces.
—Lo arruinarás… —cuatro.
—Debes esperar… —cinco.
—Que cierre la herida… —seis.
—La pierna está muy mal… —una
más.
—No la toques… —repite la
tercera voz.
En solo unos segundos las voces
comunican lo que deben, suenan igual que el viento entre las ramas, rápido y
por lo bajo, como un bisbiseo.
— ¿Quiénes son?— dice Entropía
mientras voltea en todas direcciones, escudriñando entre los árboles que rodean
el claro— ¡¿Quiénes son?! —repite desesperada buscando a
quienes hayan emitido las voces.
Solo se escucha un susurro como
si las ramas conversaran usando el viento. Aparece un par de ojos a unos
escasos centímetros del suelo, la singularidad apunta a ellos con la mano
extendida; aparece otro par al lado del primero y después otro, en un instante todo
el bosque se llena de ojos. Está rodeada e indefensa, sin magia; el instinto de
supervivencia le hace ponerse de píe, muchos de los ojos desaparecen después de
esto. La Entropía voltea en todas direcciones, intenta dar un paso antes de
caer de bruces.
—No te haremos daño —dice una de
las voces.
Un pequeño hombrecito de no más
de treinta centímetros sale de entre los árboles. Tiene la piel colgada y
suave, como la de un viejo entrado en años, los antebrazos están cubiertos por
piel más áspera parecida al lodo seco; las manos huesudas, los pies descalzos
cubiertos por la misma piel rugosa en el empeine; la nariz es grande, del
tamaño de un tomate mediano; viste ingeniosas prendas hechas de corteza y
hojas. Se acerca con las manos abiertas y alzadas en un gesto de paz, los
mechones de cabello castaño parecen
hojarasca.
—Tranquila… —Continúa diciendo al acercarse.
A su espalda empiezan a aparecer
criaturas similares, las hay más chicas pero ninguna más grande que un perro.
—Nosotros no te herimos… —Comienzan
poniéndose a la par del primero.
—Así te encontramos…
—Envuelta en humo amarillo… —Las
voces crean una melodía desajustada llena de matices diferentes, da la ilusión
del viento entre el verde.
—Tienes huella de magia… —Comenta
otro rápidamente apuntando al muñón de la mano.
—Magia muy poderosa… —Agrega un
pelirrojo, de los más pequeños del grupo. La Entropía ve su mano mutilada,
prueba fehaciente del sacrificio.
—Ya… ya… —Habla el primero otra
vez abanicando sus palmas arriba y abajo para disminuir la velocidad verbal de
sus iguales —Necesitas descansar, tus heridas deben cerrar bien.
—No hay tiempo —contesta la
Entropía —Muchas gracias por la ayuda pero no puedo esperar —se pone de pie con
esfuerzos dolorosos que terminan con ella nuevamente sobre la hierba.
—Es inútil… —Suena otro conjunto
de voces a espaldas de la singularidad.
—La pierna está muy mal… —Enfatiza
una voz repetida.
La Entropía se las arregla para
voltear y ver al otro grupo de seres.
—Necesitas un bastón… —Vuelve a
hablar el primero en aparecer.
El grupo que antes estaba en su
espalda deja sobre el piso un par de raíces enredadas que forman una especie de
cayado, es casi del tamaño de tres de los seres parados uno encima del otro. De
una manera siniestra ver el bastón sobre la hierba, sin vida, le hacía recordar
al hechicero que había llegado a su castillo para matarla.
Le toma un minuto silencioso
decidirse a tomar el báculo.
—Gracias —dice haciendo una
pequeña reverencia con la cabeza —. Ustedes… ¿Qué son? —pregunta con cautela.
Las criaturas sonríen.
—Guardianes…
—Curanderos…
—Amigos de los árboles…
—Somos espíritus del bosque…
—Somos Trolls de tronco… —Habla
entusiasmado uno de ellos para concluir la lista.
—Ahora déjame preguntar… ¿Tú fuiste
quien nos dio vida? —apunta con su dedo huesudo el primero que hablo.
—No... —Responde la singularidad
mientras camina despacio adaptándose al bastón —ustedes no estaban muertos,
estaban dormidos, yo los desperté a ustedes, a todos y a la magia propia del
bosque —los pequeños Trolls se ven unos a otros intercambiando susurros — ¿Qué
es lo último que recuerdan? —se hace un breve silencio.
Todos ven al piso tratando de
escarbar en tiempo antiguos.
—Había guerra…
—Y un mago…
—El bosque ardía…
—Una bruja…
—Una bruja termino con la guerra…
—Dice el que había tomado la iniciativa de todo, parecía ser su líder o al
menos alguien de confianza.
—Yo terminé la guerra —termina la
singularidad para cerrar el recuerdo —. Yo dormí al bosque y a todo lo que
estaba en él.
—Eso quiere decir…
—Pero entonces…
—Tú eres…
—Eres…
—Ella es… es…
—Sí, yo soy el caos —asegura sosteniéndose
de las raíces torcidas de su bastón.
Hay una exclamación general de
asombro y uno por uno se inclinan ante la mujer que había revelado su identidad
a pesar de que no era un secreto.
—Mi señora… si nosotros
despertamos, eso quiere decir que… —despacio, aun sobre su rodilla y viendo al
piso, habla el líder.
—El mago también despertó… —comenta
apresurado el pelirrojo poniéndose de pie, esto rompe la reverencia y todos se
levantan.
—No, el mago ya no despertara,
los humanos perecen; nosotros, los espíritus del bosque y las fuerzas de la
naturaleza, somos eternos —ante tal comentario, los pequeños espíritus verdes
sonríen, solo el primero guarda la expresión preocupada.
—Entonces… Mi señora, debe de
haber una razón muy poderosa para que haya decidido despertar este bosque
dormido… a un precio tan alto —suelta regresando la seriedad al grupo.
—Necesito refugio, un hechicero
quiere mi poder y tuve que huir para
evitarlo —la preocupación se propaga de un rostro a otro —él vendrá, necesito
un lugar donde pueda esconderme el tiempo necesario para contactar a mi
hermano… este es un asunto que nos involucra a todos —la preocupación se
convierte en miedo, el susurro de las criaturas se convierte en un rumor.
—Si podemos ayudarla… Mi señora… —ofrece
el Troll.
—Ya han hecho bastante por mí, de
no ser por su ayuda habría muerto —afirma sincera la Entropía —solo necesito
saber ¿en dónde estamos exactamente, en qué parte del bosque?
El bullicio resucita mientras el
Troll pelirrojo busca en el suelo una rama acorde a la tarea de pincel.
—Aquí, aquí —dice el pequeño ser
apuntando con la rama elegida a una pequeña porción de tierra entre la hierba —este
es su castillo —dibuja una figura en la tierra, una especie de “U” angular —desde
ahí, al este, se pueden ver las montañas gemelas —agrega al “mapa” una “M” obtusa
—al sur se encuentra el gran río —dibuja un par de líneas paralelas curvas —este
bosque abarca desde la primer montaña al este y hasta el gran rio —dibuja un
arco uniendo los dos puntos —al fondo del bosque, cerrando el valle esta la
cordillera de los tres picos —en la última punta de la “M” agrega un triángulo
sin base y dos más abajo, cerrando el arco que había dibujado hace un instante.
—Falta el lago… —Comenta otro
pequeño ser.
—Cierto, por aquí, entre la
cordillera y las montañas —dibuja una figura curvilínea, como un circulo
deformado —el lago es alimentado por un
arroyo que cruza entre las montañas gemelas —conecta una línea curvada de en
medio de la “M” a la figura curvilínea —hay tres afluentes del lago, uno pasa
entre la cordillera, otro llega hasta el gran río y el ultimo es el que pasa
por su castillo, mi señora—dibuja las tres líneas curveadas en donde debe —.
Nosotros estamos justo aquí —acota dibujando una marca entre los arroyos más cercanos al castillo de
la Entropía.
—Muy bien —contesta la
singularidad mientras analiza el dibujo en la tierra —¿En qué lugar debo
esconderme? —les pregunta.
Comienza una larga lista en voz
de todas las criaturas.
—El arco de árboles…
—No, muy expuesto…
—El claro de las rosas…
—Estás loco, muy cerca del borde…
Muchas opciones, todas con características
similares, nada que pudiera convertirse en una fortaleza provisional. Siguen diciendo
lugares y discutiendo entre ellos en un murmullo ininteligible; solamente el líder
se queda callado pensando.
—La Torre Rota —dice fuerte para
sobresalir de entre el ruido, todos guardan silencio al escuchar el nombre —Si
el mago ya no está, la torre es la mejor opción.
Un silencio cubre el claro.
—¿En dónde está la torre? —pregunta
la Entropía. Esta vez el líder toma la vara y se dirige al dibujo.
—Cerca de la cordillera… más o
menos por aquí —dice dibujando un rectángulo vertical en un punto medio entre
el lago, la cordillera y el gran río.
—Eso servirá —la guarida de un
antiguo mago podría contener ayuda y recursos valiosos para su cruzada —pero
antes, debo ir aquí —agrega apuntando al lago.
—No… imposible…
—Muy peligroso…
—Muy cerca de las criaturas
grises…
—Puede morir… mi señora… —Revive
el bisbiseo con advertencias y exclamaciones.
La singularidad entendía las
razones de las pequeñas criaturas; esta era su batalla, su guerra, era un
asunto entre el hechicero y las singularidades, los pequeños Trolls de tronco
eran daño colateral, habían caído dormidos
para salvar su bosque y ahora estaban en peligro otra vez.
—Es importante que llegue al
lago, el hechicero no se detendrá y debo tomar todas las medidas posibles, físicas
y mágicas; hay mucho en juego, dos de nosotros
han caído aunque no parecía posible, ustedes ya han hecho bastante, sin su
asistencia, habría perecido… busquen refugio también.
—Necesita apoyo… mi señora… este
es nuestro bosque y aunque no seamos guerreros… estamos a su disposición… —Termina
el primero en hablar con una reverencia masiva de Trolls a su espalda.
No era la primera vez que la vida
de este mundo la sorprendía.
—Es un honor… contar con ustedes…
—Dice la singularidad haciendo también una reverencia.
—Ustedes —dice el primero
señalando a un grupo de cinco seres —vayan a la Torre, revisen los arreglos que deban
hacerse —los pequeños asienten al mismo tiempo y se dirigen rápido a su destino
—. Nosotros —dice señalando al Troll pelirrojo, a él y a dos más —acompañaremos
a…
—Entropía —contesta la
singularidad.
—… a Entropía al lago —retoma —.
Los demás, vayan a todo el bosque, avisen a los que puedan, consigan ayuda… si
alguien sabe algo del hechicero, quiero que nos avisen de inmediato, usen aves
como mensajeros… —Mira fijamente a la Entropía, con determinación —andando, si
apretamos el paso, llegaremos antes del crepúsculo…Mi señora… —Termina y
comienzan el camino.
La Entropía sonríe.
—Gracias… —Comienza a caminar.