domingo, 17 de junio de 2018

Segundo Fragmento – El Bosque Dormido


Atrapada.
Flotando en la nada, cubierta de eternidad; sus sentidos se abruman y entorpecen, solo siente la oscuridad con el inquietante tacto que pasamos por alto más a propósito que inconscientemente. Trata de pensar, de organizar sus recuerdos separando la imaginación de los hechos; poco a poco recupera su pasado y la eternidad se vuelve angustia, sus sentidos reaccionan. Respira por primera vez en mucho tiempo, siente en la pierna izquierda la sensación pegajosa de la sangre seca y extrañamente, un frio ajeno a su cuerpo; inhala y el aroma del musgo llena sus pulmones, recuerda sus dedos, los muñones de la mano no duelen pero siente comezón, escucha a su alrededor el crujir de ramas.
La oscuridad pierde intensidad, siente la necesidad de abrir los ojos, una voluta de vértigo se precipita en su interior, escucha voces rodeándola, inevitable y necesariamente cae a la realidad.
Despierta.
Pasos apresurados se alejan de ella. Tarda unos segundos en cobrar conciencia del entorno; se incorpora apresurada, siente un pinchazo agudo de dolor, lanza las manos al encuentro de su pierna, tiene un vendaje de hojas y ramas sosteniendo una compresa de musgo y hierba donde solían estar su meñique y su anular.
 —No te lo quites… —se escucha en forma apresurada.
—Aún no ha secado… —continuúa una voz similar.
—No lo toques… —tres voces.
—Lo arruinarás… —cuatro.
—Debes esperar… —cinco.
—Que cierre la herida… —seis.
—La pierna está muy mal… —una más.
—No la toques… ­—repite la tercera voz.
En solo unos segundos las voces comunican lo que deben, suenan igual que el viento entre las ramas, rápido y por lo bajo, como un bisbiseo.
— ¿Quiénes son?— dice Entropía mientras voltea en todas direcciones, escudriñando entre los árboles que rodean el claro— ¡¿Quiénes son?! —repite desesperada buscando a quienes hayan emitido las voces.
Solo se escucha un susurro como si las ramas conversaran usando el viento. Aparece un par de ojos a unos escasos centímetros del suelo, la singularidad apunta a ellos con la mano extendida; aparece otro par al lado del primero y después otro, en un instante todo el bosque se llena de ojos. Está rodeada e indefensa, sin magia; el instinto de supervivencia le hace ponerse de píe, muchos de los ojos desaparecen después de esto. La Entropía voltea en todas direcciones, intenta dar un paso antes de caer de bruces.
—No te haremos daño —dice una de las voces.
Un pequeño hombrecito de no más de treinta centímetros sale de entre los árboles. Tiene la piel colgada y suave, como la de un viejo entrado en años, los antebrazos están cubiertos por piel más áspera parecida al lodo seco; las manos huesudas, los pies descalzos cubiertos por la misma piel rugosa en el empeine; la nariz es grande, del tamaño de un tomate mediano; viste ingeniosas prendas hechas de corteza y hojas. Se acerca con las manos abiertas y alzadas en un gesto de paz, los mechones de cabello castaño  parecen hojarasca.
 —Tranquila… —Continúa diciendo al acercarse.
A su espalda empiezan a aparecer criaturas similares, las hay más chicas pero ninguna más grande que un perro.
—Nosotros no te herimos… —Comienzan poniéndose a la par del primero.
—Así te encontramos…
—Envuelta en humo amarillo… —Las voces crean una melodía desajustada llena de matices diferentes, da la ilusión del viento entre el verde.
—Tienes huella de magia… —Comenta otro rápidamente apuntando al muñón de la mano.
—Magia muy poderosa… —Agrega un pelirrojo, de los más pequeños del grupo. La Entropía ve su mano mutilada, prueba fehaciente del sacrificio.
—Ya… ya… —Habla el primero otra vez abanicando sus palmas arriba y abajo para disminuir la velocidad verbal de sus iguales —Necesitas descansar, tus heridas deben cerrar bien.
—No hay tiempo —contesta la Entropía —Muchas gracias por la ayuda pero no puedo esperar —se pone de pie con esfuerzos dolorosos que terminan con ella nuevamente sobre la hierba.
—Es inútil… —Suena otro conjunto de voces a espaldas de la singularidad.
—La pierna está muy mal… —Enfatiza una voz repetida.
La Entropía se las arregla para voltear y ver al otro grupo de seres.
—Necesitas un bastón… —Vuelve a hablar el primero en aparecer.
El grupo que antes estaba en su espalda deja sobre el piso un par de raíces enredadas que forman una especie de cayado, es casi del tamaño de tres de los seres parados uno encima del otro. De una manera siniestra ver el bastón sobre la hierba, sin vida, le hacía recordar al hechicero que había llegado a su castillo para matarla.
Le toma un minuto silencioso decidirse a tomar el báculo.
—Gracias —dice haciendo una pequeña reverencia con la cabeza —. Ustedes… ¿Qué son? —pregunta con cautela.
Las criaturas sonríen.
—Guardianes…
—Curanderos…
—Amigos de los árboles…
—Somos espíritus del bosque…
—Somos Trolls de tronco… —Habla entusiasmado uno de ellos para concluir la lista.
—Ahora déjame preguntar… ¿Tú fuiste quien nos dio vida? —apunta con su dedo huesudo el primero que hablo.
—No... —Responde la singularidad mientras camina despacio adaptándose al bastón —ustedes no estaban muertos, estaban dormidos, yo los desperté a ustedes, a todos y a la magia propia del bosque —los pequeños Trolls se ven unos a otros intercambiando susurros — ¿Qué es lo último que recuerdan? —se hace un breve silencio.
Todos ven al piso tratando de escarbar en tiempo antiguos.
—Había guerra…
—Y un mago…
—El bosque ardía…
—Una bruja…
—Una bruja termino con la guerra… —Dice el que había tomado la iniciativa de todo, parecía ser su líder o al menos alguien de confianza.
—Yo terminé la guerra —termina la singularidad para cerrar el recuerdo —. Yo dormí al bosque y a todo lo que estaba en él.
—Eso quiere decir…
—Pero entonces…
—Tú eres…
—Eres…
—Ella es… es…
—Sí, yo soy el caos —asegura sosteniéndose de las raíces torcidas de su bastón.
Hay una exclamación general de asombro y uno por uno se inclinan ante la mujer que había revelado su identidad a pesar de que no era un secreto.
—Mi señora… si nosotros despertamos, eso quiere decir que… —despacio, aun sobre su rodilla y viendo al piso, habla el líder.
—El mago también despertó… —comenta apresurado el pelirrojo poniéndose de pie, esto rompe la reverencia y todos se levantan.
—No, el mago ya no despertara, los humanos perecen; nosotros, los espíritus del bosque y las fuerzas de la naturaleza, somos eternos —ante tal comentario, los pequeños espíritus verdes sonríen, solo el primero guarda la expresión preocupada.
—Entonces… Mi señora, debe de haber una razón muy poderosa para que haya decidido despertar este bosque dormido… a un precio tan alto —suelta regresando la seriedad al grupo.
—Necesito refugio, un hechicero quiere mi poder  y tuve que huir para evitarlo —la preocupación se propaga de un rostro a otro —él vendrá, necesito un lugar donde pueda esconderme el tiempo necesario para contactar a mi hermano… este es un asunto que nos involucra a todos —la preocupación se convierte en miedo, el susurro de las criaturas se convierte en un rumor.
—Si podemos ayudarla… Mi señora… —ofrece el Troll.
—Ya han hecho bastante por mí, de no ser por su ayuda habría muerto —afirma sincera la Entropía —solo necesito saber ¿en dónde estamos exactamente, en qué parte del bosque?
El bullicio resucita mientras el Troll pelirrojo busca en el suelo una rama acorde a la tarea de pincel.
—Aquí, aquí —dice el pequeño ser apuntando con la rama elegida a una pequeña porción de tierra entre la hierba —este es su castillo —dibuja una figura en la tierra, una especie de “U” angular —desde ahí, al este, se pueden ver las montañas gemelas —agrega al “mapa” una “M” obtusa —al sur se encuentra el gran río —dibuja un par de líneas paralelas curvas —este bosque abarca desde la primer montaña al este y hasta el gran rio —dibuja un arco uniendo los dos puntos —al fondo del bosque, cerrando el valle esta la cordillera de los tres picos —en la última punta de la “M” agrega un triángulo sin base y dos más abajo, cerrando el arco que había dibujado hace un instante.
—Falta el lago… —Comenta otro pequeño ser.
—Cierto, por aquí, entre la cordillera y las montañas —dibuja una figura curvilínea, como un circulo deformado  —el lago es alimentado por un arroyo que cruza entre las montañas gemelas —conecta una línea curvada de en medio de la “M” a la figura curvilínea —hay tres afluentes del lago, uno pasa entre la cordillera, otro llega hasta el gran río y el ultimo es el que pasa por su castillo, mi señora—dibuja las tres líneas curveadas en donde debe —. Nosotros estamos justo aquí —acota dibujando una marca  entre los arroyos más cercanos al castillo de la Entropía.
—Muy bien —contesta la singularidad mientras analiza el dibujo en la tierra —¿En qué lugar debo esconderme? —les pregunta.
Comienza una larga lista en voz de todas las criaturas.
—El arco de árboles…
—No, muy expuesto…
—El claro de las rosas…
—Estás loco, muy cerca del borde…
Muchas opciones, todas con características similares, nada que pudiera convertirse en una fortaleza provisional. Siguen diciendo lugares y discutiendo entre ellos en un murmullo ininteligible; solamente el líder se queda callado pensando.
—La Torre Rota —dice fuerte para sobresalir de entre el ruido, todos guardan silencio al escuchar el nombre —Si el mago ya no está, la torre es la mejor opción.
Un silencio cubre el claro.
—¿En dónde está la torre? —pregunta la Entropía. Esta vez el líder toma la vara y se dirige al dibujo.
—Cerca de la cordillera… más o menos por aquí —dice dibujando un rectángulo vertical en un punto medio entre el lago, la cordillera y el gran río.
—Eso servirá —la guarida de un antiguo mago podría contener ayuda y recursos valiosos para su cruzada —pero antes, debo ir aquí —agrega apuntando al lago.
—No… imposible…
—Muy peligroso…
—Muy cerca de las criaturas grises…
—Puede morir… mi señora… —Revive el bisbiseo con advertencias y exclamaciones.
La singularidad entendía las razones de las pequeñas criaturas; esta era su batalla, su guerra, era un asunto entre el hechicero y las singularidades, los pequeños Trolls de tronco eran daño colateral,  habían caído dormidos para salvar su bosque y ahora estaban en peligro otra vez.
—Es importante que llegue al lago, el hechicero no se detendrá y debo tomar todas las medidas posibles, físicas y mágicas;  hay mucho en juego, dos de nosotros han caído aunque no parecía posible, ustedes ya han hecho bastante, sin su asistencia, habría perecido… busquen refugio también.
—Necesita apoyo… mi señora… este es nuestro bosque y aunque no seamos guerreros… estamos a su disposición… —Termina el primero en hablar con una reverencia masiva de Trolls a su espalda.
No era la primera vez que la vida de este mundo la sorprendía.
—Es un honor… contar con ustedes… —Dice la singularidad haciendo también una reverencia.
—Ustedes —dice el primero señalando a un grupo de cinco seres —vayan a la Torre, revisen los arreglos que deban hacerse —los pequeños asienten al mismo tiempo y se dirigen rápido a su destino —. Nosotros —dice señalando al Troll pelirrojo, a él y a dos más —acompañaremos a…
—Entropía —contesta la singularidad.
—… a Entropía al lago —retoma —. Los demás, vayan a todo el bosque, avisen a los que puedan, consigan ayuda… si alguien sabe algo del hechicero, quiero que nos avisen de inmediato, usen aves como mensajeros… —Mira fijamente a la Entropía, con determinación —andando, si apretamos el paso, llegaremos antes del crepúsculo…Mi señora… —Termina y comienzan el camino.
La Entropía sonríe.
—Gracias… —Comienza a caminar.




sábado, 16 de junio de 2018

Primer Fragmento – La Tercera Singularidad


Corre.
Corre porque es la única opción, con todas sus fuerzas, con todo su aliento y a cada zancada siente que muere; las heridas sangrantes y la agonía física le dan un miedo tan humano que siente como su singularidad desaparece. Ella no puede morir, por su puesto, de eso estaba segura, pero con la misma seguridad sabía que había cosas peores que la muerte; era una ironía que la prueba de esto fuera real para la muerte misma, ni el tiempo o los oráculos pudieron ver con antelación lo sucedido.
En este mundo hay muchas historias y peligros, pero ninguno de ellos parecía una amenaza, aunque aseguraba que de haber conocido la historia, tampoco habrían hecho algo.
— De nada sirve escapar… ¡Es tu fin! ¡El fin de todos!… ¡Y no hay nada que puedan hacer para evitarlo! —asegura poseído.
Un destello morado explota después del grito arrebolándose en el cielo nocturno, un quejido moribundo se extiende desde el origen matando criaturas y arboles; apenas logra escapar de la luz asesina, del hechizo de muerte; si logra llegar al bosque tal vez tenga oportunidad, después de todo ella es “el caos” y también conoce magia. Se arrastra unos metros más, la pierna izquierda ya no responde, el meñique y anular del mismo lado penden apenas sujetos por los tendones expuestos, la sangre se torna negra a la luz de la luna media. A su espalda, la figura del bastón da pasos seguros tras su presa, sabe que es el fin para la tercera singularidad.
Con la vida apenas sujeta al cuerpo, el caos  se detiene a la orilla del bosque con la cabeza agachada y luego de unos segundos da media vuelta.
— ¡Vaya, vaya! No pensé que serias orgullosa… Entropía quiere morir con honor… que sorpresa —pronuncia lento con los ojos clavados en su herida víctima.
—Nunca lograras lo que te propones —dice con la voz cansada pero furiosa. Toma la mano mutilada y la sostiene sobre el vientre, aprieta los dedos haciendo fluir la sangre. Sonríe de manera triunfal.
—Se acabó… Es…
—Estas perdido… —lo interrumpe la Entropía con toda tranquilidad dejando perplejo a su persecutor, la sonrisa de la demacrada singularidad pasa de ser triunfal a eufórica.
Era imposible que luchara contra el hechicero, tenía suerte de haber llegado tan lejos y aun así estaba plantada frente a él retadoramente, como si la balanza estuviera a su favor. El hombre del bastón la observa en silencio, tratando de descifrar su plan, estudiando cada uno de sus movimientos; las singularidades son cúmulos de magia y contradicciones que pueden alterar todo en un segundo, eso lo había aprendido de la peor manera y a pesar de haber acabado con dos de estos seres no se pensaba en ventaja, nunca confiaba en el curso dela vida. La sonrisa desaparece de los labios de la presa, inhala y sujeta los dedos colgantes, hala de ellos para arrancarlos; antes de que se acabe ese instante el brazalete del hechicero refulge en verde, la textura de luz y hueso hacen que parezca una serpiente enrollada en su brazo.
Puede ver a la Entropía en la orilla del bosque con la cabeza agachada, se acerca más, nota las gotas de su sangre caer al suelo; el mago es un espectro en el recuerdo que parece deshacerse en humo y partículas con cada movimiento. Da dos pasos hacia ella y la rodea, escucha un ligero susurro, palabras rápidas ininteligibles, se da la vuelta antes de pronunciar las últimas; el otro hechicero llega cubierto por una túnica y sosteniendo su bastón de cráneo, su rostro está cubierto de una negrura espesa para esconder su pasado ser. El momento crucial se repite para que pueda encontrar el detalle que paso por alto hace un instante. Sigue sin entender, tal vez las palabras hayan sido un hechizo, pero si no se ha manifestado energía  es inútil, ninguna magia es espontanea, todo tiene un costo y a pesar que las singularidades están hechas de energía esta no puede crear nada sin que exista una manifestación, cuanto más grande o compleja sea la magia más energía se necesita y a Entropía le queda muy poca; tal vez solo está alardeando, una mentira para infundir miedo, pero el instinto del hechicero le advierte que no es así. «Estas perdido» repite la copia temporal de la singularidad y ve en sus ojos un destello tenue de color amarillo, baja la vista de inmediato con todo moviéndose en cámara lenta.
— ¡Los dedos… se va a arrancar los dedos…! —Dice en la memoria lo obvio  y comienza a entender todo de repente —Sacrificio… —pronuncia lento mientras regresa del pasado.
Entropía separa los dedos rompiendo el tendón, exhala en un grito ahogado y los arroja a la orilla del bosque, el mago levanta su bastón con las cuencas vacías del cráneo llenándose de luz, dirige a su contrincante un golpe de energía morada, pero es demasiado tarde. En el suelo cubierto de hojas muertas, la carne, sangre y hueso de la singularidad se disuelven en un humo amarillento; la casi muerta Entropía se deja caer de espaldas esquivando el golpe del hechicero y, cuando su cuerpo toca las hojas, desaparece.
— ¡Nooo…! —Grita el hechicero.